En el artículo Un terrorista en tu equipo , se mostraban cuatro tipos de empleados de los que tres podrían ser nocivos y uno de ellos especialmente peligroso, el terrorista.
Veamos, en líneas generales cómo actuar con cada uno de ellos.
El primero y más fácil es el apóstol. Un apóstol tan solo necesita tener los recursos suficientes para poder desarrollar su trabajo de forma eficiente. De vez en cuando es conveniente contrastar ideas y dejarse asesorar por sugerencias de mejora.
El trabajo con un rehén, con una persona que ha perdido la ilusión debe dirigirse a a darle un proyecto que esté alineado con el proyecto empresarial y si es posible que también lo esté con las capacidades de la persona. Es imprescindible hacer que actúe con seguridad y justificar las decisiones que hayan sido tomadas por la empresa y que pudieran no ser compartidas por el empleado, para que de esta forma pueda al menos comprender determinadas actuaciones. En definitiva dar seguridad y proyectos que tratados por ambas partes, puedan llevarse a cabo.
Con un mercenario hay que actuar de forma similar a la de un rehén. Al ser personas que tan solo ven lo que pueden sacar de la situación, hay que buscar tareas que sin que se alejen del objetivo personal, puedan redundar en beneficios globales.
Actuación con un terrorista. Es la opción más complicada y a lo máximo que se puede llegar es llevarles a la postura de rehenes o mercenarios. Con un terrorista hay que actuar de forma más contundente para que no contamine más de lo que seguramente se haya hecho ya. ¿Vale la pena tratar con una persona así?
¿Crees que necesitas en tu entorno laboral tratar de mejorar las aptitudes de estos modelos de empleados? Seguramente necesitas de un profesional con experiencia para tratar estos temas, en distintas sesiones de coaching,