Valentía & liderazgo

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La valentía se puede definir como una cualidad que nos permite enfrentarnos a situaciones complicadas, superando los miedos que nos frenan. Decía el cantante Joaquín Sabina «que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena»

Con esta introducción, vamos a hacernos estas preguntas:
¿te consideras valiente?
¿qué actos de valentía has realizado en tu vida?
¿quieres ser valiente?
¿crees que compensa ser valiente?
¿crees que los valientes carecen de miedo?

La valentía también está asimilada a capacidades como el coraje, el riesgo y la osadía. Sin duda son características de un líder que en determinadas ocasiones tienen que salir a la luz y manifestarse de forma evidente.

Debemos tener muy claro que ser valiente no excluye la emoción del miedo. El miedo es una emoción primaria que se quiera o no va a estar siempre presente, pero la diferencia entre el miedo paralizante y el valor está en la capacidad y voluntad para superar ese miedo.

Por lo tanto una persona valiente va a tener también asociadas las sensaciones inherentes al miedo como la ansiedad, el estrés o la inseguridad, por supuesto que si, pero ante esto va a tener una actitud de seguridad, firmeza y una determinación racional por cumplir con el objetivo o la meta planteada.

Una persona que es capaz de afrontar los miedos y temores que una situación nos plantea no teme equivocarse, tiene una elevada autoestima y no se angustia por lo que podría pasar ni siquiera porque los resultados pudieran no ser los previstos pues de hecho no se anticipa a los acontecimientos. Una persona valiente hace lo que tiene que hacer.

• Una persona que actúa con valentía no significa que no tenga la sensación de incomodidad por la decisión tomada o que carezca de sentimientos, no. La valentía es una sensación racional.
• Una persona no deja de ser valiente porque pida ayuda en una situación concreta (un líder se deja ayudar, un líder no actúa solo).
• Una persona valiente también tiene bajones emocionales y sufre adversidades que supera con la firme voluntad de cumplir.

Cuando se actúa con valor, se hace con firmeza y con un claro y racional enfrentamiento a los miedos, inquietudes y las dudas que van a aparecer siempre.

Los más destacados psicólogos positivistas como son Seligman y Peterson establecen el valor en sus seis virtudes humanas.

1. Humanidad
2. Trascendencia
3. Moderación
4. Justicia
5. Conocimiento
6. Coraje (valentía e integridad)

Para estos dos psicólogos, la valentía es no dejarse intimidar ante una amenaza, ante un cambio, ante la dificultad o ante el dolor. Una persona valiente, dicen Seligman y Peterson, es capaz de defender una postura que uno cree correcta aunque exista una fuerte oposición por parte de los demás. Una persona valiente actúa según las propias convicciones aunque esto suponga una crítica.

Está claro cuando se lleva adelanta un acto valiente, como está quedando claro, la primera emoción que se activa es el miedo, al contrario de lo que podría pensarse. Pero en esta situación el miedo no surge como sensación paralizante, sino como revulsivo para superarlo. El propio miedo y la voluntad de quien lo tiene, hace que salgan los recursos necesarios para seguir adelante. Superar el miedo, para una persona valiente, se acepta como un reto que hay que superar y los pensamientos asociados y el estado emocional que se deriva, así como la conducta, se alían de tal forma que el valor se sobrepone el miedo.

Cuando se actúa con valentía se activan una serie de emociones, pero hemos de ser conscientes que cuando hay que actuar con miedo y no se hace así, también se activan otras emociones. Por lo tanto, con valentía o sin valentía hay emociones asociadas.
¿Con qué emociones nos quedamos?
¿Con qué emociones nos vamos a sentir mejor después?

No a la temeridad. Un acto de valentía debe tomarse con la información adecuada para que no sea pura temeridad y un acto de locura. Un acto de valentía para un líder, lleva aparejada la trascendencia del acto y no el valor instantáneo de la situación. Por lo tanto, las actuaciones temerarias no son actos de valor, porque eluden la importancia de la trascendencia.

Por qué NO somos valientes:

Hay actitudes que nos alejan de la valentía, algunas de ellas son las siguientes:
• Queremos tener todo bajo control, que nada se salga de lo que tenemos previsto.
• No toleramos la incertidumbre.
• No toleramos la frustración.
• Temor al qué dirán, a la opinión de los demás.
• Autoestima baja e inseguridades.

La clásica frase de “mas vale lo malo conocido que lo bueno por conocer” es una máxima de los conformistas, de quien teme al cambio y teme enfrentarse a nuevas dificultades, aunque aparentemente puedan parecer beneficiosas. A una persona conformista le resulta más cómoda la idea de estar mal, a sabiendas de que se está mal, que la posibilidad de poder estar mejor. En definitiva el “sacrificio” que supone la voluntad en determinados momentos, la lucha para salir de ahí, no le compensa.

Para qué nos sirve ser valientes.
Fundamentalmente para tener más libertad. La valentía lleva también implícita una alta dosis de toma de elecciones y somos valientes cuando somos capaces de tomar decisiones. Cuando tomamos una decisión, adquirimos el valor y el coraje que cambiar las cosas que nos permitan ser más libres. Cierto que con muchas decisiones los sentimientos pueden n ser inmediatamente agradables pero no existe verdadero bienestar sin toma de decisiones, sin libertad. No existe libertad sin valentía.

Los 8 pasos para alcanzar la valentía.

I. Tolera tus temores.
El miedo va a estar presente, sin lugar a duda, tan solo se trata de regularlo.

II. Qué es lo que te produce miedo.
Qué situaciones te generan miedo o temor. Qué sientes y cómo lo notas. Qué pensamientos aparecen y cómo acostumbras a actuar cuando te has sentido así. Racionaliza tus temores, pon nombre a tus temores, dibuja tus temores, verbaliza tus temores.

III. Acepta que tienes miedo.
Cuando sentimos miedo, como cuando sentimos cualquier emoción, tenemos acceso a una valiosísima información sobre nosotros, sobre nuestro interior. Analízate. Contrasta lo real que es ese miedo y qué consecuencias tendría (seguro que no es tanto cuando lo racionalizas).

IV. El miedo a su sitio.
Demos al miedo la importancia justa, ni un gramo más del que se merece. Cuestiónate si ese miedo te bloquea tanto como para no ponerle freno. ¿De verdad que no puedes con tal o cual temor? ¿Qué capacidad te falta para superar ese miedo?

V. Ten presente tu meta.
Los grandes actos de valor, han podido llevarse a cabo porque se ha tenido muy claro el objetivo, los principios y el “para qué” estamos haciendo lo que hacemos.

VI. Se paciente.
Nada es fácil, muy poco se consigue de forma inmediata. Deshazte de las dudas y de las mil formas que imaginas podrías fracasar. Tratar de tenerlo todo bajo control es el primer paso para fracasar. Un líder decide, tiene voluntad y se atreve. Los líderes tienen una natural osadía.

VII. Confía en tus capacidades.
Es imprescindible que tengas claro que dispones de la capacidad adecuada y suficiente para conseguir tu propósito. Ve paso a paso, establece metas pequeñas antes de la meta final.

VIII. Aprende de cada acto.
A vencer el miedo se aprende practicando. El ejercicio de valor exige práctica, esfuerzo y consiguientemente dedicación. Además, con la práctica iremos sacando cada vez, más partido a los recursos que tenemos y todo esto nos irá dando la confianza que se necesita para los grandes actos de valentía de todo líder.

Para finalizar, voy a poner la definición de valor del Ejército de Tierra español:

“Acto de voluntad que lleva a afrontar racionalmente los riesgos y peligros derivados del cumplimiento del deber, superando el instinto de supervivencia”.

Es evidente que no hay que llegar en una vida normal a un extremo así, pero también es cierto, que el miedo, es el que inconscientemente, nos avisa (a su forma) de quedarnos donde estamos, para mantener la supervivencia y mantenernos alejados de los incómodos cambios.

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