¿Qué tienes que envidiar?

Artículos, Autoestima, Estilo de vida
«El tema de la envidia es muy español. Los españoles siempre están pensando en la envidia. Para decir que algo es bueno dicen que es envidiable». Jorge Luis Borges.

Con esta frase del magistral Borges podemos ver claramente lo que muchas personas piensan. Lo bueno es envidiable, lo envidiable es lo que hay que desear y ponemos el foco fuera de nosotros, con la creencia que si tuviéramos lo que el otro tiene, nos sentiríamos mejor.

Como no tenemos algo que deseamos, lo envidiamos y lo peor, como no tenemos algo nos sentimos mal y todavía peor, hay quien se siente aún peor porque haya quien tiene eso y desea que no lo tenga, con la creencia que la carencia en el otro, será la felicidad propia (esto es algo que roza la patología). Realmente una locura pensar así, además de ser una forma de pensar destructiva para uno mismo.

La envidia en su expresión de máxima gravedad puede llegar a ser patológica y desembocar en ira o en odio. La envidia es un sentimiento destructivo, por eso una persona que tiene exceso de envidia provoca personas destructivas, maliciosas, injustas y hostiles que actúan con resentimiento. En definitiva, busca anular la imaginada ventaja de la otra parte.

Hay personas que la envidia les hace verse inferiores, carentes e infelices porque a otra persona aparentemente se la ve con mejor aspecto y con cualidades o suerte que nosotros carecemos (¿podría estar la baja autoestima detrás de este sentimiento?).

Según Smith y Parrot (ambos psicólogos) la envidia tiene las siguientes características:

  1. Deseo por lo que la otra persona tiene, deseo frustrado.
  2. Sentimiento de inferioridad. Tristeza de las propias carencias o de la inferioridad en relación con la persona envidiada.
  3. Resentimiento enfocado sobre la persona envidiada. Este resentimiento hacia una persona o un grupo específico además provoca desagrado por la supuesta superioridad y lleva aparejado enojo y odio hacia los que se suponen responsables.
  4. Resentimiento global. Se puedan enfadar «con el mundo»  ante la injusticia de las circunstancias o el destino.
  5. Sentimiento de culpa por sentir mala voluntad hacia la persona o grupo envidiado. Creen que sentir rencores es incorrecto.
  6. Sentimiento de admiración. Se intenta emular al envidiado, incluso identificándose con él.

 

Eliminar la envidia es una tarea compleja que necesita lo primero de la voluntad de quien la tiene, por lo que el primer paso, es admitir este sentimiento.

Después se trata de anular o al menos mitigar esos sentimientos negativos que experimenta nuestro cuerpo (rabia, resentimiento, represión… que actúan como un verdadero veneno que circula por nuestra sangre) y equilibrar nuestros pensamientos a través de acciones tan sencillas como dar una abrazo, hacer actos de generosidad, tomar un baño relajante, estar con la persona querida, incluso buscando situaciones de humor y alegría… en definitiva de provocar que esas sustancias que nuestro propio organismo genera (oxitocina y serotonina) se pongan en marcha.

Porque si no es así la envidia es como tomarse un vaso de veneno, esperando que muera la otra persona.

 

 

Share this...
Share on FacebookTweet about this on Twitter

Deja un comentario