Incómodo en mi equipo

Artículos, Liderazgo y motivación

Es evidente que en ocasiones es complicado sentirse bien dentro de un equipo de trabajo. Las situaciones ideales no existen de forma automática y en multitud de ocasiones hay que trabajarlas tanto con todos lo miembros del equipo como a nivel individual.

Una de las situaciones más difíciles de mantener en el tiempo es la de estar incómodo con los compañeros. Nos encontramos mal en el equipo en el que se debería tener todo tipo de facilidades y por una razón o por otra nos encontramos a disgusto.

¿Analizamos los motivos?

Lo primero que debes tener es una actitud crítica para no buscar la solución del problema echando la culpa a los demás, sino más bien, tomando una actitud de protagonista de lo que te pasa y a qué puede ser debido. Una vez hecho esto, es fácil que aparezcan las soluciones, pueden estar más en uno mismo que en los demás en la mayoría de las ocasiones.

Porque la vida me empuja a moverme y quiero mantenerme en mi zona de comodidad.

    Formar parte de un equipo debe llevar implícita la idea de ser una pieza de un engranaje que debe funcionar al mismo nivel de eficacia que el resto de las piezas. Es muy posible que las circunstancias puedan cambiar o que estén en un proceso de cambio y todo esto, sin lugar a dudas, te puede incomodar. La primera reacción es la de oponerse a todo cambio que nos hace salir de nuestros hábitos. El cuerpo y nuestra mente se resiste a cambiar porque lo que es distinto a lo de siempre se ve como una amenaza.
    ¿En qué te amenaza esta nueva situación?
    ¿Qué te impide seguir al ritmo del equipo?
    ¿Qué puedes aportar en este cambio?

Porque quiero que los demás me presten atención.

    Seamos sinceros con nosotros mismos.
    En otras ocasiones lo que queremos es que se nos tenga presentes y que nuestra opinión cuente.
    En esta situación tenemos todo el derecho del mundo a que así sea y de hecho, quien sea que gestione el cambio, deberá tener presente que la opinión de los demás es imprescindible para que el cambio sea asumido por todos (lo que podría ser crear los aliados oportunos para seguir avanzando).
    Analízate si lo que quieres aportar es una opinión o es una crítica.
    ¿Qué puedes aportar?
    ¿Qué has hecho para que de forma serena te presten atención?
    ¿Por qué quieres esa atención que reclamas?

Porque quiero seguir siendo el niño que hace berrinches.

    Sí, se que puede parecer un título poco serio pero he conocido personas que tienen este comportamiento dentro de un equipo.
    ¿Cuántas veces te has enojado sin un motivo sólido?
    ¿Buscas la mínima excusa para enfadarte?
    Es una forma poco madura de llamar la atención que proviene de nuestra infancia desatendida y en la que a través de nuestros berrinches y enfados de niño, provocábamos que nos hicieran caso. ¿Crees que podría haber algo de esto?
    Una situación así no demuestra ni madurez emocional, desde el punto de vista personal, ni una correcta actitud profesional.
    Quien actúa de esa forma poco a poco acaba teniendo el rechazo de los demás, pues nadie quiere una relación constante con alguien que puede mostrar esta inestabilidad infantil.

Porque no soy capaz de fluir con lo que trae la vida y quiero ir en contra.

    Esto técnicamente podríamos equipararlo con una resistencia al cambio, que por otro lado, tiene mucho que ver con el primer motivo de “no querer moverme de mi zona de confort”.
    Hay situaciones personales y profesionales que son irreversibles y que hay que aceptar. En primer lugar porque las circunstancias pueden cambiar y por mucho que queramos, no podemos enfrentarnos a ellas. En segundo lugar porque a todo lo que nos resistimos acaba por hacernos daño, no podemos frenar lo inevitable, lo obvio.
    La aceptación es una forma muy saludable de tomarse la vida cuando vemos que todo alrededor nuestro nos va indicando que el camino que pretendíamos seguir, no es el adecuado.

Porque quiero manipular a otros.

    Es una actitud egoísta que también es muy propia en la desadaptación a un equipo. Los cuchicheos, las críticas soterradas, el cuestionamiento permanente de lo que hace tal o cual persona, tal o cual jefe… todo esto no es más que una forma de querer cambiar la opinión de los demás, buscando aliados de nuestra parte. Bajo una actitud así, lo que hay es una forma de manipular la opinión de los demás y lo que es peor, una acción poco solidaria y poco profesional para que nuestro equipo sea precisamente la suma del esfuerzo de todos.
    ¿Has hecho algo así alguna vez?
    ¿Qué has conseguido?
    ¿A qué crees que se debe una actitud así?

Porque creo que todos están contra mi.

    Quizá esta sea la actitud más egoísta de todas. Pensamos en alguna ocasión que todo está contra nosotros, que el sistema se ha confabulado para anularnos y evitar que seamos útiles.
    ¿Crees que es así?
    ¿Por qué la culpa es de los demás?
    ¿Qué parte de responsabilidad es tuya?
    Seguramente tras una actitud así, se esconde un culto a nuestro ego que quiere seguir siendo protagonista de todo lo que nos rodea.

Ahora, una vez realizado este breve análisis, qué puedes hacer para sentirte mejor en tu equipo.

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