Emociones y su expresión

Artículos, Coaching

Si miramos atrás, hace muy poco, que en el entorno organizacional, sólo se consideraban los aspectos académicos. Sin embargo, miremos a la persona detrás de su titulación. Hay listados de titulaciones sin personas capaces tras ellos.

Hay aspectos inconscientes detrás de cada ser, que demostramos con cada movimiento. Soy experta (*) en microexpresiones, que son la manifestación en el rostro de las emociones básicas (sorpresa, asco, miedo, alegría, tristeza e ira). La transparencia de las microexpresiones para un experto, es absoluta. Pero lo más curioso, es que cualquier persona puede percibirlas, si bien, no las interpreta con claridad, normalmente creen que son una falsa impresión que han tenido de ese sujeto, cuando en realidad, es una clara percepción entre ambos inconscientes. Por eso, los individuos se quedan con esa sensación y piensan “no confío en esta persona” por ejemplo, o con otras sensaciones que pueden o no ser ciertas, pero que llevan a tomar muchas decisiones, equivocadas, o no. Lo que es totalmente auténtico, es que sin tener en cuenta la emoción subyacente, es imposible explicar el comportamiento humano.

Con cada microexpresión de nuestro rostro, enseñamos al mundo nuestro interior más secreto sin pretenderlo, todo lo que queremos ocultar aparece sin remedio.

Perfilemos un poco lo que significa cada emoción para poder entender como lo aplicaríamos a nuestro campo empresarial.

Asco:

Tiene una función protectora, es decir, la persona no quiere acercarse a la situación, persona o experiencia que se le presenta.

Miedo:

Produce una gran presión interior y el consecuente deseo de luchar o huir, producirá en la persona o bien una actitud defensiva que le hará reaccionar de forma desproporcionada, o una evitación también desajustada al estímulo. No es una realidad, sino una interpretación de la misma por ese individuo.

Tristeza:

Es la emoción que nos induce sensación de pena, pérdida y lo peor para conseguir objetivos, el Pesimismo. Tiene mucho que ver en ella la percepción de estar solos. Por esto fomentar la cohesión en la organización es tan importante y los objetivos grupales por añadidura.

Sorpresa:

Sería la emoción en un principio más neutra, que no produce en sí misma un estado emocional negativo necesariamente.

Alegría:

Es energética por naturaleza y nos da impulso, acción y emprendimiento, hemos retenido mucho esta emoción por muchos convencionalismos y no se manifiesta de la forma que debería.

Ira:

La ira se produce en la confrontación de dos situaciones, una que deseábamos y otra que es opuesta a la anterior. Lo mejor de esto es que se puede aprovechar para tomar impulso, pues genera la fuerza necesaria para continuar, siempre que se sepa controlar su expresión hacia lo positivo. Si no se sabe canalizar, genera frustración, nada deseable en la vida, ni en la empresa. Puede ser destructiva y generar la búsqueda de un culpable para cargar sobre él toda la responsabilidad, porque de esta forma nos libramos de la incomodidad que nos produce. No es esta la forma correcta de actuar si pretendemos la coordinación y la eficiencia.

El lenguaje universal de las emociones básicas, es un potencial adaptativo que podemos aprender y aprovechar para la cohesión de grupo, solución de problemas y desempeño desde una humanidad eficiente de mandos intermedios y directivos.

Es un elemento de primer orden para las empresas, tanto en la selección de personal, como en la búsqueda de la excelencia y objetivos, abrir un espacio para que las personas que componen la organización, puedan evolucionar, recanalizando sus manifestaciones inconscientes.

Tomemos como punto de partida los puestos de mayor responsabilidad, que es de donde parten decisiones relevantes para el resto. Si un directivo tiene la oportunidad de conocer y aceptar lo que C.G.Jung llamaba “la sombra” podrá crear coherencia empresarial, porque se acepta en su totalidad. La coherencia se transmitirá a todos los niveles y la corporación funcionará como un todo.

Todos tenemos aspectos a los que no deseamos hacer frente, pues implican esfuerzo y trabajo interior. Hay que pensar, decir y hacer en coherencia, si ocurre esto habrá franqueza y objetividad y, por tanto éxito, el entrenamiento individual y grupal de los responsables organizacionales es crucial en un mundo que necesita readaptación y reinvención.

El que conoce su “sombra” desarrolla todas sus potencialidades, porque convertirá sus debilidades en fortalezas. Reflexionemos sobre los vacíos inconscientes de la mente del líder, que se proyectarán en su entorno de influencia y se manifestarán a su alrededor en cualquier escala de la organización.

Colaboremos por crear unas corporaciones más libres y humanas, que , sin duda serán mas eficaces y eficientes, por tanto más productivas.

El encuentro entre personas es parecido a la mezcla de productos químicos, prestemos atención a lo que seleccionamos y mezclamos porque las reacciones son infinitas.

(*) Artículo escrito por Ana Perea Navas. Psicólogo Clínico. Máster en RRHH y psicología clínica por la Universidad de Sevilla.

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